VERANO MISIONERO: JOVENES LLEVARON ESPERANZA A LIRQUÉN Y ALTO BIOBÍO

 

Entre el 13 y el 19 de febrero, un grupo de jóvenes de nuestra Iglesia Adventista del Séptimo Día Buen Samaritano, junto a jóvenes de todas las iglesias de Los Ángeles, vivieron una semana que difícilmente olvidarán. Fueron parte del Proyecto Misión Caleb, desarrollando un intenso trabajo misionero en el sector cordillerano de Alto Biobío y también en Lirquén, zona afectada por los incendios forestales.

El Proyecto Misión Caleb, impulsado por la Iglesia Adventista del Séptimo Día en toda la División Sudamericana, moviliza cada verano a cientos de jóvenes que deciden dedicar sus vacaciones al servicio voluntario, la evangelización y la ayuda comunitaria. Este 2026 nuestros jóvenes también asumieron ese llamado con convicción y alegría.

ESCUELA CRISTIANA DE VACACIONES: FE, CREATIVIDAD Y ALEGRÍA Uno de los pilares del trabajo en Alto Biobío fue la Escuela Cristiana de Vacaciones, un espacio pensado para los niños de la comunidad, donde cada jornada se estructuraba en cuatro momentos especiales. El día comenzaba con la bienvenida y el canto. Los niños llegaban con entusiasmo y participaban en dinámicas iniciales, incluyendo canciones y presentaciones. Luego venía el momento de las “obras”: representaciones teatrales de historias bíblicas. Mientras alguien narraba el relato, los propios niños se disfrazaban y actuaban como los personajes, dando vida a historias como Daniel o Naamán. La Biblia como experiencia viva. Después se desarrollaba el momento de cocina. Allí se leía el versículo del día y, a partir de ese mensaje, los niños preparaban algo sencillo y significativo: ensaladas de frutas, cocadas, pancitos con pasta de huevo, entre otras preparaciones. Era un espacio de aprendizaje práctico, compañerismo y reflexión.





Las manualidades también tuvieron un lugar importante. Trabajaron con greda, elaboraron figuritas y realizaron actividades relacionadas con la enseñanza diaria. Cada creación era un recordatorio tangible de lo aprendido. La recreación cerraba cada jornada. Juegos al aire libre, dinámicas con agua en los días de calor y, cuando la lluvia apareció, actividades bajo techo como la “sillita musical”, donde incluso los padres se integraron. El último día se realizó una emotiva graduación, donde cada niño recibió su diploma, un cuadernillo de actividades y un pequeño obsequio.

TRABAJO Y AYUDA SOCIAL: EL EVANGELIO TAMBIÉN SE CONSTRUYE
El trabajo misionero no se limitó a la escuelita. Hubo también equipos dedicados a la construcción y a la ayuda social. El grupo de construcción viajó incluso más arriba de Pitril para ayudar a una familia que no contaba con piso ni ventanas adecuadas. Allí instalaron una ventana y avanzaron en tareas estructurales. Se desplegaron diversos esfuerzos y también colaboraron en el colegio del sector, trabajando en la construcción de un escenario techado en el patio y realizando mejores en una ruca ubicada detrás del establecimiento. Por su parte, el equipo de ayuda social armó canastas familiares y emprendió un extenso recorrido para entregarlas a familias que viven en sectores aún más alejados, llegando hasta zonas cercanas a la frontera con Argentina. Fueron horas de viaje, pero también horas de servicio, oración y acompañamiento. Además, los jóvenes colaboraron en labores de mantención del camping donde se hospedaron, entendiendo que el espíritu misionero también se expresa en el cuidado del lugar que los acoge.



CALEB DE EMERGENCIA: SERVICIO EN MEDIO DEL DOLOR

Este verano también estuvo marcado por los incendios forestales en la comuna de Penco-Lirquén. En ese contexto, se activaron Caleb de emergencia, donde la participación de jóvenes de Buen Samaritano fue igualmente destacada, sumándose a la red de apoyo junto a ADRA

Allí, el servicio se transformó en consuelo concreto para familias afectadas, demostrando que la misión no es solo predicar, sino también acompañar, sostener y ayudar en momentos críticos.

De esta forma, lo vivido en Lirquén y Alto Biobío fue mucho más que  actividades. Fue una experiencia de crecimiento espiritual, de unidad entre iglesias de Los Ángeles y de compromiso real con el prójimo.

Nuestros jóvenes decidieron que sus vacaciones no serían solo descanso, sino misión. Subieron cerros, recorrieron kilómetros, cantaron, cocinaron, construyeron, jugaron, oraron y sirvieron.

El Verano Misionero 2026 dejó una huella en las comunidades visitadas, pero también en el corazón de cada joven que entendió que la fe se vive en acción.





"Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza" (1 Timoteo 4:12)




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